Nivel I. Exploración de la pasión dominante

El Eneagrama propone nueve tipos distintos, nueve formas inconscientes de ser en el mundo. Nueve pasiones que se forman según nuestra particular necesidad de ajustarnos al entorno. Este ajuste del organismo, término usado en Gestalt, promueve nueve tipos de rasgos caracteriales, neurosis o formas rígidas de ser.

La pasión es un torrente que arrastra a cada uno de una forma diferente y va vertebrando nuestra personalidad. Son ilusiones y oscurecimientos de la realidad que reducen nuestra comprensión del mundo, se van convirtiendo en hábitos y mecanismos de adaptación y conformando nuestro carácter y limitando nuestra apertura y darse cuenta.

En este primer taller, y desde el trabajo gestáltico principalmente, exploraremos nuestra pasión dominante mediante:

  • Formación y dinámicas dedicadas al conocimiento básico del Eneagrama: explicación de  los eneatipos que conforman los distintos tipos de carácter.
  • Ejercicios para que cada participante descubra en qué eneatipo se ha movido a lo largo de su vida. En consecuencia, una toma de conciencia para iniciar un proceso de cuestionamiento y liberación de los automatismos del carácter.
  • Ejercicios de expresión y el desarrollo corporal que faciliten poner de manifiesto la adaptación negativa al entorno de cada persona.
  • Propuestas para el análisis de la relación entre la forma del carácter y la escala de valores que se ha formado en la vida y que aparece tantas veces como un introyecto.

Nivel II. La fijación y el instinto apasionado

En este segundo nivel veremos que si la pasión abarca al mundo emocional, la fijación lo hace con el área intelectual, a través del mundo de las ideas, creando así un espejismo acerca de lo que creemos ser y de lo que es el mundo externo.

A su vez la pasión se apodera con preferencia de uno de los tres instintos básicos, auto-conservación, social o sexual, provocando que haya áreas de la persona sobre-dimensionadas y otras infra-desarrolladas. Profundizaremos en los subtipos del rasgo del carácter, donde está implicada la fijación, además de uno de los tres instintos.

El trabajo se centrará en dos aspectos:

  • Los mecanismos intelectuales del ego con los que se identifica. Psicológicamente, se contemplan los “mecanismos de defensa” o formas de bloqueo del contacto verdadero con uno mismo y el exterior, vinculados a cada tipo.
  • En función del desequilibrio del instinto, se investigan los subtipos de cada rasgo: auto-conservación, social y sexual.

Nivel III. Virtud frente a pasión. Aspectos liberadores.

Si toda luz proyecta una sombra, también en el recorrido de nuestro mapa eneagrámico, el nivel I y II representan la exploración más profunda y tal vez dolorosa de cómo se ha forjado nuestro manera de ser para sobrevivir al desamor. El nivel III aporta esperanza y luz al descubrir que, dentro de nosotros, también está el potencial para afrontar la realidad de manera diferente.

El trabajo con pasiones, fijaciones e instintos nos dio la oportunidad de revisar nuestra existencia, para tratar de captar qué fue lo que hizo que esto sucediera, como perdura y como se relaciona con los distintos aspectos de nuestra vida. Pero este darse cuenta, por doloroso y cuestionador que resulte, no agota las posibilidades. Es preciso también atender a las vías definitivas de salida de pasiones, fijaciones e instintos desbordados y asentar una forma más sana de vivir.

Tras un recordatorio de los mecanismos, se enfocan vías de solución a una vida mejor. Si a los pecados capitales les corresponde, según el sistema cristiano, una virtud principal, desde la perspectiva eneagrámica, nos encaminamos a afianzar una nueva forma de ver nuestro carácter. Cuerpo, intelecto y emoción van a estar de nuevo en relación y nos van a permitir un contacto nuevo y distinto.

Nivel IV. Trascendencia. Dejando atrás el carácter.

Con este último nivel de trabajo culmina la enseñanza. El encuentro tiene como principal característica el trabajo individual en un ambiente de retiro y de silencio. Suele proponerse un espacio tanto individual con el terapeuta como en grupo, pero el trabajo personal individual es lo más destacado.

En el transcurso de los niveles previos nos habremos podido dar cuenta de cómo funciona la mente, en sus complejas interacciones. El trabajo con el carácter requiere atención plena en la forma en que nos dejamos arrastrar por las acciones, emociones y pensamientos falsos o negativos y por sus inter-acciones internas y externas.

Nada parece definitivo. La tradición espiritual aconseja llevar a cabo acciones diferentes que apoyen el trabajo y el darse cuenta. Es decir, tomar decisiones y buscar experiencias distintas para poder ver más de cerca cómo hemos cambiado y podemos ser más reales.