Cuando un matrimonio o una pareja termina se abre un periodo de duelo que suele ser difícil de gestionar para ambas partes debido al cúmulo de emociones que se desatan en ese momento. La tristeza, el enfado, el reproche y la culpa suelen impedir una separación respetuosa para ambas partes, lo cual además de generar más daño a la pareja, puede afectar negativamente a los hijos/as, en caso de que exista descendencia.

Independientemente de la separación, muchas parejas quedan unidas para toda la vida por el vínculo creado a través de los/las hijos/as y por ello es básico que puedan, en la medida de lo posible, desarrollar una relación de respeto y cuidado mutuo. Los/las hijos/as suelen vivir muy negativamente tanto las peleas y discusiones entre mamá y papá como que éstos les manifiesten sus reproches hacia el otro progenitor.  Siempre que sea posible, los hijos deben ser protegidos y permanecer al margen de los problemas de pareja. Para ello es fundamental que los progenitores lleguen juntos un acuerdo de separación o divorcio que garantice su bienestar físico y emocional.  

Un acompañamiento terapéutico en estos momentos tan delicados puede ayudar a la pareja a negociar los términos de la separación o divorcio de una forma más consciente y cuidadosa para todos los miembros de la familia y puede evitar el recurso a la vía judicial.

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